GRACIAS DIEGO, POR TANTO Y TODO

Es la madrugada en Argentina, los restos inmortales de Diego Armando Maradona, acaban de llegar a la casa nacional de gobierno, en pocas horas comenzará la peregrinación, para darle el último adiós al más grande futbolista de todas las épocas.

La mítica Casa Rosada, retumbará en silencio, con los últimos “Diego, ¡¡¡Diego!!!”

El mismo “Diego, Diegooo”, que corearon los fanáticos de todas las latitudes. Desde el primer hincha cebollita de Argentinos Juniors, hasta los históricos del tablón de Gimnasia y Esgrima La Plata. Desde Fiorito, hasta Dubái. Desde un partido Futsal exhibición (en un club de barrio), hasta los mejores estadios del planeta fútbol, cantaron el nombre de Diego, mientras se convertían en incrédulos protagonistas de la magia del «Pelusa». 

Una historia de vida y deportiva irrepetible, que ni la película más fantástica sobre la redonda, podrá alguna vez contarlo.

Hubo un solo hacedor; un creador, un genio, que maravilló con sus pinceladas inigualables sobre el lienzo verde, a propios y ajenos. Un ser humano iluminado, con categoría de semidios inalcanzable, pero a su vez, tan mundano, tan cercano, y tan simple, como la redondez de una pelota.

Lo acunó en el pesebre de Villa Fiorito “la Tota”, el 30 de octubre de 1960, Don Diego fue su padre terrenal; la pareja lo bautizó: Diego Armando Maradona.

Comenzó a deslumbrarnos en Argentinos Juniors, jugó en Boca Juniors, Barcelona, Napoli, Sevilla y Newell´s Old Boys de Rosario.

Con la 10 en la selección argentina, levantó la copa del Mundial Juvenil en Japón 1979; la copa del Mundo en México 1986, y obtuvo el subcampeonato en Italia 90. A su vez, dirigió a la Selección Mayor, en el Mundial de Sudáfrica 2010.

Su etapa como entrenador, comenzó en Mandiyú de Corrientes, luego pasó por el banco de Racing Club de Avellaneda, Al Wasi y Al Fujairah de Emiratos Árabes, Dorados de Sinaloa en México, y culminó en Gimnasia y Esgrima de La Plata.

Obtuvo cuanto premio hubo y habrá: Mejor jugador, Mejor Gol, mejor todo… Plasmó en virtuosismo, jugadas y goles irrepetibles.

Nadie, nunca, podrá igualarlo; aunque se esfuerce.

Podrá haber pianistas exquisitos, pero Beethoven hay uno solo. Podrá haber artistas plásticos deslumbrantes, pero Picasso hay uno solo… Podrá haber genios de época, pero Da Vinci, hay uno solo. Podrá haber futbolistas que nos regalen jugadas y goles para aplaudir de pie…pero MARADONA, habrá uno solo.

Felices los mortales, que pudimos ver, como Dios depositaba a Diego en la Tierra.

GRACIAS DIEGO, por tanto y todo.

Leo Medvedoff para El Sol América