“El mayor diseminador de desinformación en los Estados Unidos es el presidente Trump”

¿Y cómo ha transformado internet a los líderes políticos? 

Esta es mi opinión al respecto: en muchos aspectos, las redes sociales enturbian la visión de los líderes políticos, en especial la de aquellos que las usan a nivel personal. Mientras que hace una generación los candidatos y los líderes ansiaban saber qué pensaba el público y cómo reaccionaba, ahora muchos candidatos piensan que simplemente leyendo las noticias que les ofrecen Twitter o Facebook pueden saber automáticamente cómo se sienten sus electorados o sus votantes.

Pero en las redes sociales los candidatos y los líderes políticos obtienen la misma información a medida y basada en algoritmos que todos nosotros. No obtienen una visión real de sus votantes ni de su electorado. En varios sentidos esto hace tanto candidatos como personas se enfoquen en cosas de menor importancia e ignoren las amenazas reales.¿Hubiera sido posible un Trump presidente en la era predigital? 

Es difícil de saber. Pero Trump no dio el salto por las redes sociales, lo logró porque los canales de televisión de cable le dieron una cobertura desproporcionada y le dieron muchísimo tiempo de emisión gratis. Y, aunque me resulte reconocerlo, su mensaje principal era bueno.

En gran parte la candidatura de Trump se basó en el hecho de que tenía dinero – y percibía cómo los ricos y poderosos podían influir en el sistema político. Su promesa inicial a los votantes de que sabía lo corrupto que era el sistema y que lo podía arreglar.

Personalmente no creo que tuviera intención de hacerlo, pero los votantes americanos están muy frustrados con la influencia del dinero en el sistema y la influencia y responsabilidad de las empresas en lo que sucede. Para mí es totalmente lógico que este mensaje llegara a los votantes en 2015, cuando Trump anunció su campaña.¿Cuál es la más importante plataforma digital de movilización política hoy en día? 

No existe una sola. Aquellos en campaña tienen que ir hacia atrás y entender en primer lugar donde están sus votantes, y generar alcance basándose en ello.

Facebook es la principal red socia en los EEUU, pero la generación Z y los jóvenes milenials no la utilizan. Whatsapp tiene un impacto enorme en las comunidades de hispanohablantes, pero menos en otras.

Según la campaña de Biden, un 95% de las donaciones en agosto -una cifra récord de 364 millones de dólares, provinieron de las bases de nuevos seguidores, y el 57% fueron donaciones online. ¿Refleja esto el nuevo tipo de votantes a los que puede llegar internet?

Yo interpreto el enorme poder de recaptación de fondos de Biden como otro canal de opinión pública. Los votantes, sobre todo los demócratas e incluso los independientes, están tan desesperados por deshacerse de Trump que están empezando a invertir su dinero en ello. La recaptación de financiación online es más fácil, desde luego, pero lo que extraigo de estas astronómicas cifras tiene que ver menos con el medio o la plataforma y más con la pura energía de y la frustración que sienten tantos votantes.¿Se ganarán las elecciones de los EEUU en internet, sobre todo teniendo en cuenta el factor coronavirus? 

Decir que las elecciones se ganarán o perderán en internet es como decir que estas elecciones se ganarán o perderán en función de los anuncios de televisión, cobertura televisiva, o cualquier otro canal de información que llega a los votantes.

Los votantes (y la gente) no establecen líneas definidas entre lo que ven en internet o lo que ven en televisión o lo que sale en las noticias.Las personas, sobre todo aquellas que no siguen con regularidad la política, obtienen información de todo tipo de fuentes. No categorizan de qué medio o canal les llega. Creo que es importante que las campañas políticas lo entiendan.

Respecto al Coronavirus, es complicado. Al menos en los EEUU, los votantes están desanimados tras siete meses muy duros. Para muchos es difícil afirmar que Trump es responsable; quién sabe qué hubiera pasado con otro mandatario. Pero saben por quién se preocupa Trump y a quien pone delante. Y creo que la última semana en la política americana ha sido desastrosa para Trump, en relación a convencer a determinados votantes de que se preocupa por ellos.

El ‘Pizzagate’ y la Nueva Orden Mundial (NWO) son teorías conspiracionistas nacidas en internet con un gran seguimiento en los EEUU. Según The Atlantic, “al menos 35 de los actuales o anteriores candidatos al congreso han abrazado Q (Qanon)”.¿Cuánto pueden llegar a influir la desinformación y las teorías conspiracionistas en el 3 de noviembre y el futuro de los EEUU? 

El mayor propagador de desinformación de los Estados Unidos es Trump.

Los candidatos republicanos con vínculos con Qanon son síntoma del desbarajuste en el partido republicano. Siguen movimientos en los márgenes -que es donde vive Qanon- y teóricos conspiracionistas, más que a los votantes en general.

La desinformación se convierte en algo peligroso cuando sale de Facebook o Whatsapp, cuando fuentes de gran alcance o candidatos la enarbolan. Esto es lo que más me preocupa de narrativas underground como Qanon.Internet hace que las palabras de cualquier candidato se puedan remezclar, alterar y convertirse en memes que acaban distribuyéndose por todo internet. ¿Cómo puede un candidato asegurarse de que su mensaje llega hoy en día? 

Ser perseverante y coherente son aspectos clave para controlar la narrativa en el espacio digital. Una lección que nos ha dado el mandato de Trump es que, con la verdad tan descentralizada, el poder de la narrativa reside en la perseverancia.

Las palabras y las narrativas se comparten de manera tan rápida, se analizan y debaten tanto que en ese patio de colegio ultrarápido que es tu teléfono tus intenciones iniciales pueden perderse completamente. Dar por sentado que tu mensaje se entenderá y digerirá en un primer discurso es una mala práctica en la era digital.¿Cuál es el impacto de la política de los EEUU a nivel global? 

Durante mucho tiempo pensé que los EEUU estaban a la vanguardia de toda comunicación política. No porque sepamos más, sino porque tenemos elecciones muy a menudo y, sinceramente, porque fluye mucho dinero a nuestro sistema político.

Muchos profesionales se sorprendieron con el resultado de 2016. Yo también, pues estaba segura de que Hillary Clinton ganaría. Pero cuando evalué la situación, me di cuenta de varias cosas:

El país estaba profundamente polarizado.

El país estaba preocupado por la desinformación.

Existía una cepa autoritaria que llegaba a las preocupaciones étnicas de los votantes.

Sinceramente, se parecía a muchos lugares en los que había trabajado antes, desde Venezuela a Serbia o Irak. Así que ya no pienso que los EEUU estén en la vanguardia. Siento que tenemos mucho que aprender de otros lugares, y estoy intentando aplicar esas lecciones a mi trabajo en 2020.